CAPÍTULO 180 - NO VOLVER A ENAMORARSE PARA NO VOLVER A SUFRIR

Cada persona tiene su propio modo de pensar para interpretar el mundo que le rodea y tratar de manejarse en él, del mejor modo posible. Generalmente, todos buscamos sentirnos bien con nosotros mismos y los demás y lograr las metas y objetivos que nos proponemos en nuestras vidas.

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Francisco de Sales
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CAPÍTULO 180 - NO VOLVER A ENAMORARSE PARA NO VOLVER A SUFRIR

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CAPÍTULO 180 - NO VOLVER A ENAMORARSE PARA NO VOLVER A SUFRIR
-ATENCIÓN A LA BAJA AUTOESTIMA-

Este es el capítulo 180 de un total de 200 –que se irán publicando-  que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER


“Nunca más volveré a enamorarme. Ya he sufrido con la relación anterior”, dijo alguien que había terminado su relación de un modo desagradable.

Eso es tan absurdo como si alguien que se tropieza un día decide no volver a andar jamás, o quien no vuelve a bañarse nunca más porque una vez el agua estaba fría.

Esa es una de esas decisiones que se toman en un momento de enfado o decepción, y es, por tanto, una decisión muy posiblemente equivocada, ya que no se han de tomar decisiones ni en momentos de euforia ni en momentos de abatimiento; en ambos casos existen muchas posibilidades de que estén tomadas de un modo erróneo.

Nadie debe auto-condenarse a la privación de volver a enamorarse simplemente porque una relación no salió como se deseaba. No hay que caer en el tópico equivocado de “todos los hombres son iguales”, o “todas las mujeres son malas…”

Es mejor esperar que las aguas vuelvan a su cauce, que el enojo se disuelva o se aclare en su origen hasta que se entienda como un caso aislado y no como una norma. Si fuera una norma, no funcionaría ninguna pareja. Hay hombres buenos y hay mujeres encantadoras. Sólo hace falta que se encuentren entre ellos.

Mi sugerencia es que, cuando alguien se encuentre con otra persona por la que sienta o crea sentir algo y con la que podría establecer una relación, se entregue totalmente, sin reservarse nada, sin miedos, sin prejuicios, porque si la otra persona encuentra resquemor, inseguridad, o frialdad en la entrega personal y sentimental, puede sacar una conclusión equivocada y abandonar la relación por ese motivo.

La relación, sobre todo al principio, necesita del apasionamiento; saber que está emocionalmente vivo y su corazón es capaz de latir desaforado, saber que se inmiscuye en los sueños del otro, que ocupa su pensamiento la mayor parte del día, que siente y hace sentir. Es necesario sentirse importante y especial para el otro.

Si el otro tiene la sensación de que no hay pasión, sospechará una de estas dos cosas: o que es una persona sentimentalmente fría –y eso le puede echar para atrás-, o que no le siente como alguien especial –y eso también echa para atrás-.

Y, además, lo que uno quiere es enamorarse de nuevo, encontrar la persona que dé lo que ya no le daba la anterior relación, o que no dé lo que el otro daba y no se quería, y uno debe sacar todo ese amor que se tiene retenido y que tan feliz hace entregarlo.

Hay que pensar en esto. Y decidir cómo se comportará uno cuando vuelva a sentir algo parecido a eso que llamamos amor.

Los corazones se curan siempre, aunque persistan esas cicatrices cuya única misión es recordar que no se quiere volver a pasar por una situación desagradable. Uno no quiere no tener una relación: lo que no quiere es una relación como la anterior. Así que hay que prepararse para la próxima, seguir todo el proceso del modo adecuado –sin hacerse trampas-, seleccionar adecuadamente, entregarse a ella, y si no sale bien, cortar antes de volver sufrir.

SUGERENCIAS PARA ESTE CASO:

- Conviene eliminar la decisión tajante de no querer volver a tener una relación. No todas son o van a ser iguales. Ese prejuicio conviene eliminarlo.
- Quien viene de una relación desagradable tiene algo a su favor: ya sabe lo que NO va a permitir en la siguiente relación.
- Uno puede amar hasta el último día de su vida, no hay un límite por la edad o por experiencias anteriores amargas. Nunca es tarde para enamorarse y amar.


Francisco de Sales


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