CAPÍTULO 191 - SEPARARSE, TAMBIÉN, DEL RECUERDO DEL OTRO.

Cada persona tiene su propio modo de pensar para interpretar el mundo que le rodea y tratar de manejarse en él, del mejor modo posible. Generalmente, todos buscamos sentirnos bien con nosotros mismos y los demás y lograr las metas y objetivos que nos proponemos en nuestras vidas.

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Francisco de Sales
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CAPÍTULO 191 - SEPARARSE, TAMBIÉN, DEL RECUERDO DEL OTRO.

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CAPÍTULO 191 - SEPARARSE, TAMBIÉN, DEL RECUERDO DEL OTRO.
-EL FINAL-

Este es el capítulo 191 de un total de 200 –que se irán publicando-  que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER.

Cuando una persona se encuentra en una situación de ruptura de una relación en la que no era feliz, lejos de preocuparse mucho y sentirse mal, sería más adecuado tomar una postura diametralmente opuesta: la de sentirse feliz –por la liberación- y esperanzado ante la nueva oportunidad de la que dispone para poder elegir libremente entre quedarse solo –que puede ser una buena decisión, por lo menos durante un tiempo-, o la opción de abrirse a una nueva relación.

En esta última posibilidad sucede una cosa que es muy curiosa: después de haber pasado muchos años con otra persona, y haber estado mentalizado para pasar el resto de la vida con ella, tener una cita con otro, u otra, aunque sea para tomar un café, se considera en el interior como un acto de infidelidad.

Cuesta hacerse a la nueva situación y, en ocasiones, se necesitan muchas conversaciones con uno mismo para convencerse de que ya no existe el compromiso de fidelidad hacia el otro, y que uno tiene la libertad de poder hacer cosas que antes se hubieran considerado como adulterio.

Separarse, también, del recuerdo del otro, es una decisión muy correcta y muy acertada.

Se puede mantener viva en algún lado la idea de que hubo momentos de mucha felicidad –si así se desea y si realmente los hubo-, pero también hubo momentos menos agradables que fueron los que desembocaron en la ruptura, y esos recuerdos también están cargados de verdad.

Cada uno decidirá qué hacer con todos ellos. Parece ser que no es correcto quedarse sólo con una parte de ellos -sólo buenos o sólo malos- porque desequilibrarían la verdad, y porque si uno se queda sólo con los mejores va a pensar que fue más idílico de lo que fue en realidad.

Si uno quiere insistir en los malos porque de ese modo le es más fácil olvidar, él sabrá si es lo más adecuado hacerlo así.

Si uno acentúa sólo los buenos y pretende negar los otros, se va a encontrar con que va a sentir notablemente una situación de arrepentimiento y culpabilidad innecesarios, con lo que resultará poco menos que imposible iniciar otra relación, porque su conciencia, con los datos inciertos que se le están facilitando, realizará su tarea de llamar la atención por la actitud que se está tomando, porque le parece incorrecta. Y lo que es peor: se está autoengañando.

Y uno jamás, bajo ningún concepto, en ninguna circunstancia, con ninguna justificación o razón, debe engañarse, porque esa es la mayor traición y el mayor atentado que se puede cometer contra Sí Mismo.

Si se puede, lo adecuado es hacer un paquete con todo, y explicarse muy cariñosamente que lo mejor es cerrar esa etapa, en la que hubo de todo, para que se pueda iniciar la siguiente.

No insistir mucho en el recuerdo del otro, o la otra, ni para bien ni para mal, ayudará a que se vaya diluyendo esa parte del pasado, y sobre todo la parte de la desolación y el pesar. Y que se vaya diluyendo quiere decir que va perdiendo la parte doliente de su influencia.

SUGERENCIAS PARA ESTE CASO:

- Una vez fuera de la relación convine ser objetivos y valorar cada cosa de lo pasado en su justa medida. La conciencia se quedará más en paz.
- Insistir en los recuerdos del otro, o de la otra, sobre todo si esos recuerdos no son agradables, es contraproducente. Se pueden presentar sentimientos de culpabilidad que en ese momento son innecesarios.
- Una vez que uno está solo es mejor sacar al otro de la mente, de la vida y del corazón, y dejarlos desocupados para estar uno más ancho y tranquilo… o para que lo puede ocupar una nueva persona.


Francisco de Sales


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