CAPÍTULO 192 - CÓMO DEBERÍA SER EL FINAL DE UNA RELACIÓN

Cada persona tiene su propio modo de pensar para interpretar el mundo que le rodea y tratar de manejarse en él, del mejor modo posible. Generalmente, todos buscamos sentirnos bien con nosotros mismos y los demás y lograr las metas y objetivos que nos proponemos en nuestras vidas.

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Francisco de Sales
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CAPÍTULO 192 - CÓMO DEBERÍA SER EL FINAL DE UNA RELACIÓN

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CAPÍTULO 192 - CÓMO DEBERÍA SER EL FINAL DE UNA RELACIÓN
-EL FINAL-

Este es el capítulo 192 de un total de 200 –que se irán publicando-  que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER.


Es mejor haber amado y haber perdido que no haber amado nunca. Así dice una de esas frases hechas para cuando se habla de amor. Puede ser apropiada, sobre todo, por poder decir que se disfrutó del amor que se tuvieron en algún momento. Esa es la parte positiva de las relaciones que acaban mal.

“Más vale un mal acuerdo que un juicio”, se dice. Y con razón. Es mejor que sea de acuerdo y con acuerdos. Y no hay que olvidar que para alcanzar acuerdos también uno ha de ceder en algo. Es muy difícil quererlo todo y obcecarse en conseguirlo. Aunque sea un asunto personal, en este caso también conviene no tomárselo como algo personal. Si cuando llega el momento de la separación se pueden dejar a un lado los sentimientos, tanto los buenos como los otros, mucho mejor.

Ante todo es conveniente tratarse con respeto. Desde una actitud madura y adulta. Hay que aceptar y asumir que la relación en la que se había puesto tanta ilusión y tanto amor, no ha fructificado como se esperaba.

Aunque produzca dolor y nadie quiere pensar en ello durante la época deslumbrante del enamoramiento, se debería haber contemplado desde el principio también la posibilidad de finalizar de este modo, y no se debería hacer de ello un drama, porque no lo es, ni magnificarlo, ni hacerlo el principio de una vida desgraciada y a todas horas cargada de auto-reproches, sino entenderlo como una nueva oportunidad de contactar con otra persona distinta llevando esta vez un bagaje de experiencias y algunas lecciones de lo que NO quiere que se repita, de lo que SÍ está bien y gusta, y de lo que NO está bien hacer o consentir.

Desde una posición lo más desapegada posible, en la que el único sentimiento al que se puede invitar es al amor, o a sus rescoldos, o quizás al cariño, o al respeto al Ser Humano, hay que comunicarse de un modo preferiblemente sereno y razonable en el que esté presente la norma de no hacer daño al otro, de no herirse en el presente, y de tratar de poner a salvo el futuro de cada uno; tratar de arreglar las cosas que tengan arreglo y se puedan salvar y sacar el aprendizaje de las dolorosas; lo que se hizo bien, no olvidarlo para poder repetirlo; lo que no gustó, tenerlo presente para no caer de nuevo en lo mismo.

Y cuidarse mutuamente, aun desde el resentimiento latente o manifiesto, aun desde ese estado en el que una reclamación interna empuja al odio, al despecho o a la venganza, a tratar de hacer daño. No. Mejor cuidarse mutuamente. Por respeto al otro y a lo que hubo.

Y también hay que negociar. Este es un asunto delicado, porque hay quien está en un extremo, empecinado en no ceder ni uno solo de sus derechos, incluso exigir más “por los daños morales y por haberle estropeado la vida” –que hasta puede ser justo-, o quien está en el otro extremo –no recomendable-, en el que cede incluso los que son sus derechos para no alagar mucho la situación y terminar cuanto antes, o porque se obstina en la actitud de “no quiero nada del otro” –que seguramente no es lo acertado-, o porque considera que no tiene derechos –y todas las personas los tienen-, o que tendría represalias posteriores si pide lo que no le quieren dar.

En estos casos, en los que las personas están bastante desinformadas y muy nerviosas, puede ser muy interesante recurrir a profesionales o personas con mucha experiencia y conocimientos sobre estos asuntos, porque en ocasiones se toman decisiones desde la ignorancia y la inexperiencia, y para cuando uno se da cuenta de lo que ha hecho o lo que no ha hecho, ya es tarde y no tiene remedio.

En cualquier caso, conviene tener presente que es un momento del que puede depender en gran medida el resto de la vida. Y en esto puede influenciar desde el hecho de que uno sea tan dramático y esté tan dolido –dolor que es pasajero- que no quiera volver a meterse en una relación para que no exista la posibilidad de que se repita lo mismo y tener que pasar otra vez por lo mismo, hasta el que renuncia a la parte económica que le corresponde y eso hará que posteriormente lo pase mal. En estos casos ser muy generoso no parece ser lo adecuado –el otro no va a apreciar la generosidad-, aunque cada uno hará lo que crea que tiene que hacer.

Si una, o uno, deciden ser muy generosos, renunciando a sus derechos, para que el otro, o la otra, se dé cuenta de su magnificencia y de lo buena persona que es, tal vez se esté equivocando. Y mucho. Porque puede que el otro, o la otra, no sólo no aprecien el gesto sino que, además, en vez de utilizar el adjetivo que se espera, el que utilice sea el de “tonta” o “tonto”.

Conviene, eso sí, en la medida de lo posible, evitar que sean perjudicados quienes no tienen ninguna culpa de lo sucedido y son afectados colaterales, como, por ejemplo, los hijos, a los que no se deben utilizar como rehenes o como moneda de cambio. Ni “no te dejaré que los veas”, ni “a partir de ahora como si no existieran, no quiero volver a verlos nunca más”.

Cuidado con los ataques personales a familiares, de los cuales se ha tenido acceso a cosas íntimas por el trato: no utilizar ese conocimiento para hacer daño.

Sí es importante que se hable en algún momento con el otro del dolor que se ha sufrido, de las sensaciones por las que se han atravesado hasta llegar a este momento, de cómo se ha sentido. No es necesario que sea en un tono de reproche acusativo, sino como una información para que sepa lo que no hizo del modo adecuado y para que comprenda mejor las razones propias. No hay que olvidar que se está hablando con la persona a la que en un tiempo se amó. Y hay que reservarse el espacio correspondiente a la parte de imperfección que uno haya podido tener, por lo que hizo o lo que no hizo. Si se tiene claro, hay que dejarlo claro. Hubo amor, y buenos momentos, pero se acabó y hay que saber poner FIN.

SUGERENCIAS PARA ESTE CASO:

- Más vale llegar a acuerdos de una forma civilizada.
- No hay que olvidar que ese de quien ahora se separa, aunque haya motivos suficientes para hacerlo, antes fue la persona amada.
- En este caso conviene hacer las cosas legales bien y estar bien asesorado –mejor por un profesional- de cuáles son los derechos y obligaciones a partir de la disolución.


Francisco de Sales

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