CAPÍTULO 193 – LOS HIJOS

Cada persona tiene su propio modo de pensar para interpretar el mundo que le rodea y tratar de manejarse en él, del mejor modo posible. Generalmente, todos buscamos sentirnos bien con nosotros mismos y los demás y lograr las metas y objetivos que nos proponemos en nuestras vidas.

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Francisco de Sales
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CAPÍTULO 193 – LOS HIJOS

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CAPÍTULO 193 – LOS HIJOS
-EL FINAL-

Este es el capítulo 193 de un total de 200 –que se irán publicando-  que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER.


Cuando hay hijos y se prevé una separación, se convierten en un asunto muy delicado.

Es recomendable que, en función de la edad que tengan y de las cosas que hayan visto en casa, se les explique del modo adecuado lo que está pasando. Mejor no mentir porque, si descubren la mentira, quien miente se desvalorizará frente a ellos y a partir de ese momento posiblemente ya no se volverá a confiar en él porque se dudará de su confiabilidad. Es conveniente no eludir ninguna pregunta, no recurrir a “ya te lo explicaré cuando seas mayor”, sino demostrar sinceridad y que no hay nada que ocultar. Eso sí, hablando de acuerdo a su edad para que le sea comprensible y si se cree conveniente no contar algo hasta más adelante, que cada uno siga su criterio, pero que lo que se cuente sea absolutamente cierto.

Antes o después ellos van a saber de esa separación y es mejor que sea de primera mano. Es un modo de demostrarles que se confía en ellos y que no se les oculta nada. Si no preguntan, se les puede invitar a que lo hagan, a que se sientan en libertad y con confianza para hacerlo, porque el shock puede dejarles confundidos. Es bueno animarles –pero no obligarles- a que expresen sus sentimientos, porque eso les descargaría de sus preocupaciones y sus miedos sobre lo que vaya a pasar a partir de la separación. No hay que olvidar que son niños y sus mentes son de niños, por tanto no razonan como un adulto, y es una experiencia nueva para ellos. Lo que pueden imaginar tal vez sea peor que lo que es la realidad, y es posible que conocer la verdad les tranquilice mucho. Hay que dejarles claro cuánto se les ama y que ellos no tienen ninguna culpa en lo que haya sucedido. Se ha podido comprobar que en muchas ocasiones los hijos se culpabilizan a sí mismos por la separación y eso les deja traumatizados.

La primera Ley a respetar rigurosamente por ambas partes, y esto es irrenunciable e innegociable, es que ambos tienen que seguir siendo padres, aunque ya no sean pareja.

Van a seguir siéndolo por el resto de su vida, y por una u otra razón tendrán que seguir relacionándose entre ellos, así que conviene dejar un pacto sellado para estos casos y cumplirlo. Cuando se trata de los hijos no se admite utilizarlos como chantaje, como rehenes, o como arma arrojadiza.

Sería muy pretencioso indicar en este libro unas pautas a seguir en estos casos, para ello hay especialistas, pero sí haré un bosquejo breve de algunas ideas generales que después habrá que ampliar y personalizar.

Estas son unas pautas básicas:

- Animar a los hijos a que se relacionen con el otro cónyuge. Salvo que sea un caso grave y justificado –porque sea violento con ellos o porque pudiera cometer abusos por venganza, por ejemplo- hay que aclararles –si es cierto- que el hecho de que entre él y ella no se lleven bien como pareja no quiere decir que él o ella como padres y como personas no sean excelentes.

- No ponerlos en contra del otro cónyuge, ni hablar mal del otro. Mejor esperar a que los hijos se den cuenta por sí mismos de quién es cada uno, ya que las cosas, buenas y no buenas, se demuestran con los hechos.

- En la medida de lo posible, ser flexibles con las fechas de visitas y no exigir que se cumplan siempre de un modo riguroso e innegociable. Por ejemplo, puede que vengan unos familiares por parte del otro miembro a la otra casa en una fecha concreta y relacionarse con ellos sea bueno para los hijos. Y si uno de los dos cede en este sentido, a cambio podrá pedir lo mismo en otra ocasión. Y si no cede, ante los hijos quedará claro quién hace las cosas bien y quién no.

- Aunque el otro haya actuado mal durante la relación y sea el causante de la ruptura y de mucho sufrimiento, por lo expuesto de que ambos tendrán que seguir en contacto, es mejor tratarse de un modo correcto y no hacer una guerra de cada encuentro. El pacto de amabilidad y respeto ha de cumplirse escrupulosamente.

- Cuando se vayan con el otro, no hay que hacer un drama delante de ellos, porque lo que se consigue es que se sientan mal –incluso pueden llegar a sentirse culpables- y ellos no tienen la culpa. Hay que insistirles en que se les quiere, pero no que no es bueno decirles que no se puede vivir sin ellos y dramatizar la separación.

- No hay que hablar mal del otro, aunque sea verdad lo que se puede decir, o aunque se tenga razón. Si se habla mal del otro y los hijos quieren al otro, se van a sentir confundidos y hasta culpables por quererle. Salvo que el otro se haya comportado mal con ellos, o delante de ellos, y haya dejado claro que no es digno de amor, para los hijos ambos padres son merecedores de ser amados, porque puede que no comprendan los motivos que han llevado a la separación y sólo tengan el concepto de que, como padre, o como madre, que es lo que ellos pueden juzgar y lo que les interesa, se han portado bien.

- Lo que haya que hablar con el otro mejor hacerlo directa o personalmente; es preferible no usar a los hijos como correveidiles, ni dejes caer mensajes subliminales o directos para que se los lleven al otro. Si no se pueden o no se quieren ver o hablar, se pueden enviar un SMS, un correo ordinario o electrónico, un whatsapp, etc. y siempre con corrección.

- Si los hijos están con uno de los miembros de la relación habitualmente, antes de comenzar una nueva relación conviene tenerlo muy claro y estar muy convencido del paso que se va a dar. Si el nuevo, o la nueva, vienen a vivir a la casa y los hijos ven que ocupan el lugar del padre o de la madre a todos los efectos, eso les puede llegar a perjudicar. Si se van los hijos a una casa nueva y van a ver que se está con otra persona que no es su padre o su madre y que se va a la cama con él, o con ella, les puede crear mucha confusión si no se les ha explicado bien y lo han comprendido perfectamente. Y si se cambia varias veces, porque se tienen varias relaciones una detrás de otra, eso les va a confundir aún más y, posiblemente, se les esté perjudicando en sus futuras relaciones porque van a entender la pareja como lo que en realidad no es. Y si el otro tiene hijos y se van a ver forzados a tener que relacionarse con desconocidos que es posible que no sean de su agrado y que eso se convierta en un problema. Estas son cosas a tener en cuenta antes de iniciar algo que puede perjudicar más que beneficiar.
Es mejor tenerlo todo previsto antes de dar los pasos que se vayan a dar, pero después de haberlos sopesado sensatamente. No corresponde dejar nada para resolver más adelante o solventarlo sobre la marcha, porque la solución que se adopte al azar puede no ser la solución acertada.

SUGERENCIAS PARA ESTE CASO:

- Los hijos van a ser, sin duda, afectados por la separación. Para bien o para mal. Puede que sea el principio de una etapa tranquila de su vida o todo lo contrario.
- A los hijos no hay que mentirles nunca, pero en una separación aún menos. Si se les oculta algo ha de ser porque es demasiado grave o porque realmente no están aún preparados para saberlo.
- No usar nunca a los hijos como intermediarios con el otro miembro. Los asuntos de los padres los tienen que resolver los padres.


Francisco de Sales

(Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí:
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