CAPÍTULO 93 - HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE

Cada persona tiene su propio modo de pensar para interpretar el mundo que le rodea y tratar de manejarse en él, del mejor modo posible. Generalmente, todos buscamos sentirnos bien con nosotros mismos y los demás y lograr las metas y objetivos que nos proponemos en nuestras vidas.

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Francisco de Sales
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CAPÍTULO 93 - HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE

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CAPÍTULO 93 - HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE
– EQUIVOCACIONES HABITUALES -

Este es el capítulo 93 de un total de 200 –que se irán publicando-  que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER

Cuando se piensa en el futuro de la relación, con un propósito del estilo de “mientras dure el amor y el deseo de seguir juntos” será mucho más realista que ese utópico “hasta que la muerte nos separe”. Y mucho más llevadero psicológicamente.

Esto no quiere decir que haya que ir a la relación con la predisposición orientada a que vaya a terminar y por ello rendirse pesimistamente y no esforzarse por llevarla cada día hacia adelante, sino que significa que se es consciente de que es una de las posibilidades de esa relación y no ha de ser traumático si así sucede.

En algunos países ven con naturalidad que a lo largo de la vida sentimental de una persona se cambie tres o cuatro veces de pareja, y eso no debiera escandalizar, y no es una muestra de poca implicación de los miembros, sino que puede ser algo muy lógico desde el punto de vista de los sentimientos.

Cuando una persona tiene veinte años y se enamora, las “razones” de ese enamoramiento son muy distintas que las de una persona que lo hiciera con sesenta. Las motivaciones del corazón son distintas. Y el tipo de compañero que se busca a los veinte no tiene las mismas características que cuando se busca a los sesenta. Es por eso por lo que resulta más bien sorprendente que las personas que se aman a los veinte sigan siendo objeto de amor a los sesenta.

Se da por supuesto que el amor se mantiene y que es el nexo secuencial que nos permite seguir enamorados, a lo largo del tiempo, de la misma persona. El inconveniente surge debido a que todas las personas vamos evolucionando, y las pretensiones o anhelos van modificándose con el paso de los años, mientras que la pareja que tenemos sigue siendo la misma, y es muy posible que no siga la misma dirección que uno sino que siga la suya propia, que, a su vez, puede estar muy distante de la nuestra con lo que los caminos de la vida van siendo cada vez más divergentes.

Pero el amor, creo que ya lo sabemos bien, no se mantiene vivo simplemente por una promesa que se hizo un día, o por una ilusión que se tuvo en su momento, sino que necesita que haya razones –aunque sean razones no razonables sino sentimentales- para seguir adelante. El cariño, la camaradería, o el compañerismo de tantos años juntos pueden servir como motivación para seguir. Incluso la rutina o la comodidad pueden ser motivos pequeños pero suficientes. También puede suceder que el desgaste causado por tantos años de convivencia, y por las lógicas fricciones relacionales –que pueden desgastar hasta el amor más sólido-, y por pequeños granos de arena que se van acumulando hasta convertirse en montañas imposibles de escalar, o por una u otra razón, la pareja ya no se sostiene por sí misma y aunque se prometiera ante el altar ese ritual obligatorio en la boda religiosa de “prometes amarle…blablablá… hasta que la muerte os separe”, el paso siguiente sea la disolución. Por mucho que se haya prometido.

Así que es algo a tener en cuenta. Es posible que pueda llegar ese momento, y no hay que entenderlo como un fracaso personal –siempre es un fracaso de la relación y no de la persona-, y no hay que entenderlo como algo frustrante, vergonzoso, luctuoso, sino como otra experiencia de la vida que ahora, al concluirse, ofrece una nueva y distinta oportunidad.

Antes de seguir atado a una relación –si es indeseada en este momento- simplemente por un compromiso adquirido en otro tiempo de la vida y en otro estado de la relación, es conveniente una revisión sensata y serena de la realidad de los sentimientos, y la toma de una decisión en el sentido que se considere apropiado.

SUGERENCIA PARA ESTE CASO:

- El fracaso de la relación no se ha de entender como un fracaso personal. Ambas personas pueden ser excelentes por separado –o con otra pareja- pero no juntos.
- No se puede amar por imposición, sólo porque una vez uno se comprometió ante un altar a hacerlo. Si no se puede mantener ese compromiso es mejor romperlo.
- Hay que ser muy conscientes de que sólo disponemos de una ocasión de vivir esta irrepetible e irrecuperable vida. Tal vez sea derrocharla de un modo excesivo manteniéndose en una relación que no aporta felicidad.


Francisco de Sales
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