EPÍLOGO

Cada persona tiene su propio modo de pensar para interpretar el mundo que le rodea y tratar de manejarse en él, del mejor modo posible. Generalmente, todos buscamos sentirnos bien con nosotros mismos y los demás y lograr las metas y objetivos que nos proponemos en nuestras vidas.

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Francisco de Sales
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EPÍLOGO

Mensaje por Francisco de Sales »

EPÍLOGO

Es imposible pretender epilogar algo tan complejo y difícil a veces, tan brillante y maravilloso en otras ocasiones, tan variopinto y personal siempre, y tan basado en las emociones y los sentimientos, como son las relaciones.

Todo lo escrito en los 200 capítulos precedentes representan algunas de las posibles situaciones que se presentan. Los capítulos que le afectan a uno directamente, porque está viviendo esa misma situación o una muy similar, son más impactantes y más creíbles. Algunos casos pueden parecen de ficción, porque muchas personas no nos podemos imaginar que lleguen a suceder casos así realmente, pero todos son ciertos. Todas las situaciones expuestas –y muchas otras que no se han presentado- son reales. Cada relación sentimental es distinta porque cada persona es distinta y cada situación o cada expectativa o cada convivencia son distintas.

Por supuesto que hay relaciones que van bien –de acuerdo con los deseos y expectativas de ambos-, y les envío mis felicitaciones a los afortunados. No he hablado de ellas porque todos los capítulos están orientados a los conflictos, a lo que se debiera evitar, a lo que conviene saber y hacer para que la relación avance del modo correcto, y para que quien lo está padeciendo –y si lo desea- ponga el remedio adecuado. A lo largo de los capítulos se repite en muchas ocasiones “hablar, hablar, hablar…” porque las posibles soluciones nacen con el diálogo. En el capítulo 11 hay una frase que refleja lo importante que es la comunicación: “A las chicas que empiezan una relación, les digo que en lugar de preguntar al chico si las querrá siempre, le pregunten: ¿me hablarás siempre?”.

La muerte de algunas relaciones comienza con el silencio, con no compartir, con no preguntar, con no decir lo que se siente, o las dudas, o los deseos, o los miedos…así que “hablar, hablar, hablar…”.

Algunos casos los he exagerado muy poquito –pero sin que dejen de ser verdad en ningún momento- para que sean más notables cuando quedan expuestos.

Si en algún momento ha parecido que soy partidista, que tengo una postura radical en cualquiera de los aspectos tratados, o que pretendo imponer una solución o una forma de ser y actuar, ofrezco mis disculpas. No tengo ninguna intención, ni ganas, de decirle a alguien lo que tiene que hacer con su relación o cómo tiene que ser, ni pretendo dar una solución porque las soluciones son tan individuales como las propias personas. Por eso se repite tanto lo de “en mi opinión” –porque no afirma nada rotundamente- y por eso siempre al final de cada capítulo lo que aparecen son “SUGERENCIAS” y no órdenes que acatar ni la solución definitiva Universal.

Cada persona tiene la libertad de hacer lo que crea conveniente y tienen mi respeto todas las personas y todos los tipos de relaciones…siempre que sean aceptadas libre y voluntariamente por ambas partes las condiciones en que se desarrollan.

Tantos años de experiencia en esto de vivir me han hecho comprender que cada persona es un Mundo y cada relación un Universo, y me han hecho ser comprensivo con todo y aceptarlo todo, incluso cuando no estoy de acuerdo con algo. Sólo me aparece la intolerancia cuando la relación produce sufrimiento, cuando el dolor está presente y es continuo, cuando las decepciones hacen daño, cuando se busca una salida y no se encuentra.

Las personas que estén en una relación insatisfactoria han de hacer con ella lo que decidan, o lo que puedan. A veces las situaciones tienen difícil escapatoria, pero en otras ocasiones el mayor enemigo es un miedo innecesario e injusto y es uno mismo quien pone las dificultades que no existen. A veces hay que ser valiente y saber poner la palabra FIN.

La invitación es evidente: reflexionar sobre uno mismo primero (cómo está siendo su participación y colaboración en la relación), sobre cómo actúa su pareja (cómo está siendo su participación y colaboración en la relación), y sobre el estado de la propia relación después. Evaluarla sin miedo y con toda la honestidad y la objetividad posible. Y después, serenamente, tomar las decisiones que haya que tomar… y realizarlas.

Francisco de Sales
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