CAPÍTULO 186 - PERMITIR Y TOLERAR LA REINCIDENCIA EN ASUNTOS GRAVES

Cada persona tiene su propio modo de pensar para interpretar el mundo que le rodea y tratar de manejarse en él, del mejor modo posible. Generalmente, todos buscamos sentirnos bien con nosotros mismos y los demás y lograr las metas y objetivos que nos proponemos en nuestras vidas.

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Francisco de Sales
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CAPÍTULO 186 - PERMITIR Y TOLERAR LA REINCIDENCIA EN ASUNTOS GRAVES

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Mensaje por Francisco de Sales »

CAPÍTULO 186 - PERMITIR Y TOLERAR LA REINCIDENCIA EN ASUNTOS GRAVES
–NO PERMITIR NINGÚN TIPO DE VIOLENCIA-

Este es el capítulo 186 de un total de 200 –que se irán publicando-  que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER


Puede llegar a ser comprensible que el otro miembro, por alguna causa, pueda tener un día –pero que sea sólo un día- en que le dé por beber y llegue a casa bebido. Haciendo un gran esfuerzo de comprensión, y si para ello hay una razón que se pueda aceptar y que además se quiera tolerar –aunque para mí siempre es inaceptable-, se puede llegar a entender.

Lo que es peor es permitir y tolerar la reincidencia, porque, sin duda, llegará a ser muy perjudicial para la relación. Lo que ha de ser intolerable, y en eso hay que ser irreductible, es que un caso ocasional acabe convirtiéndose en una adicción.

Si uno de los dos se da cuenta de que el otro está cayendo en ello, estará bien que haga todos los esfuerzos necesarios para rescatarle aportando cualquier tipo de ayuda –incluso externa y profesional-, pero si no lo logra, y, peor aún, si el otro no colabora poniendo todo de su parte, convienen valorar la opción de abandonarle a la suerte que corra con lo que ha elegido.

Adicciones a las drogas, el alcohol, el sexo, la relaciones extramatrimoniales, o el juego, por ejemplo, condenan al naufragio a cualquier relación (excepto en el caso de que ambos sean adictos a lo mismo, en cuyo caso, simplemente, se alarga un poco más el hundimiento)

Cuando el miembro no adicto se da cuenta de que se está creando una distancia insalvable entre ambos, que van desapareciendo las cosas del otro que le enamoraron, que el otro está siendo en este momento alguien que no tiene nada que ver con quien conoció y de quien se enamoró, y ve que eso les está llevando a la ruina, sentimental y económica, y que todo se desmorona a su alrededor, que los hijos están viviendo una situación desagradable e innecesaria, que los familiares y amigos queridos sufren por la situación que uno está viviendo, que el caos es quien preside cada uno de los días, y que el futuro se presenta vestido de negro, es un buen momento de tomar una decisión drástica.

Si ya se ha intentado todo: convencerle mediante el diálogo, la comprensión y el apoyo para salir de la adicción; si se le ha propuesto entrar en un Centro donde le ayuden, o acudir a un terapeuta, y lo ha rechazado; si se le ha hecho ver que hay personas que le quieren y desean verle fuera de su penuria, y a pesar de ello persiste en su decadencia, puede que uno no sea para él tan importante como cree o desea.

En cualquier caso, por mucho que duela verle como se le ve, su vida es suya. Es responsabilidad de él, no de otra persona. Parece muy duro, cruel, radical, insensible… pero es así.

Desde el punto de vista de las reencarnaciones, puede que sea lo que ha elegido para ésta, y nadie debería evitar que haga lo que ha venido a hacer, aunque resulte incompresible.

Quien decida que, dado lo irremediable de la situación, prefiere abandonar y seguir su vida por otro camino, si realmente tiene la conciencia tranquila porque sabe que no tiene la culpa y ha hecho todo lo que podía y debía hacer, que use como razón para hacerlo la verdad: que ese no es el hombre o la mujer de quien se enamoró. Es otra persona.

A quien prometió lealtad era otra persona. Con quien hizo un proyecto de futuro era otra persona.

Es dramático y doloroso vivir una situación como ésta, y sería mejor no verse envuelto en ella, pero quien esté inevitablemente inmerso que recurra y apele a la oración, al diálogo, a la psicología o la psiquiatría, a su tesón y voluntad, a la fortaleza que todos tenemos escondida, a todo lo que crea conveniente que le pueda animar a abandonar o a seguir luchando hasta un final que no se sabe cuándo llegará ni cómo será.

Es muy difícil dar un consejo en este caso, incluso una idea, ya que es un asunto más que delicado, porque cada caso es distinto, porque cada sentimiento de cada persona es distinto, porque el amor –y si no queda amor, el cariño- confunden la situación, y hay quien no se quiere rendir y llega aún más allá de lo imaginable, y hay quien quiere o ama por encima de la razón. Y esto último no es recomendable.

SUGERENCIAS PARA ESTE CASO:

- Las adicciones son un veneno en las relaciones. No se deben tolerar.
- Conviene ayudar al adicto a salir de su situación, pero es imprescindible contar con su implicación y colaboración… o será inútil.
- En una relación que el adicto ha llevado a la perdición conviene ser honesto con uno mismo y preservarse. Si uno ya lo ha intentado todo, moralmente puede quedar en paz y decidir otro camino.


Francisco de Sales

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